Harrry Potter y el retorno del príncipe
Un mal sueño
Dos Bandos
Según nos cuenta nuestra reportera especial, Rita Skeeter, el actual Ministerio de Magia se habría dividido, tras la repentina muerte de Albus Dumbledore, el ex director del Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Pues, según nos habló Arthur Weasley ayer:
-Rufus piensa que la muerte de Dumbledore es solo una muerte cualquiera, que ahora tiene el camino libre para hacer lo que quiera. Pero nosotros nos oponemos a eso, nosotros seremos el eco de Dumbledore. Queremos que nuestros hijos vayan al colegio, y que se les imparta materias, y especialmente Defensa contra las Artes Oscuras, que al parecer es lo que más necesitamos ahora.
Arthur se veía muy afectado por la muerte de Dumbledore, al parecer tenían mucha cercanía. Y, según informo un Auror, que decidió quedar en el anonimato, esta cercanía se veía también, con Harry Potter, el Niño que Vivió. De quien, últimamente, no se ha sabido nada importante. Parecería que el señor Potter, Dumbledore, Weasley, y otros amigos de Dumbledore, estarían en una sociedad secreta, que se hace llamar La Orden del Fénix, esta sociedad no está reconocida y se dio la orden de capturar a cualquier persona que mencione o se vea vinculada con ese Orden (del Fénix). Los del bando Pro-Dumbledore pertenecerían, en su mayoría, a gente afectada por el Innombrable, y que también estuvieron hace 16 años en la Orden del Fénix. Y hace dos años cuando se volvió a crear, accedieron nuevamente a participar de ella.
En tanto, el bando de Rufus, el actual ministro de magia, sería el predilecto por la mayoría de la gente del mundo mágico. Ellos prometen que el Innombrable no se acercará a sus casas, ni les causará daños. Pero por lo visto, parase que esto no se ha cumplido. El año pasado: dos asesinatos, la caída de un puente muggle, y este año: el asesinato de Horace Slughorn, viejo Auror, y reciente profesor en Hogwarts; el derrumbe de una mansión, ya deshabitada, en Little Hanglenton; y la extraña desaparición de 50 muggles…
Cuando Harry leyó esto, perdió toda su alegría, que aun guardaba en lo más profundo de su ser. Él sabía que cosas malvadas estaban a punto de desatarse, pero ¿Por qué tenían que verse relacionadas siempre con él? Primero sus padres, luego Cedric, después Sirius, hace poco Dumbledore, y Ahora el Profesor Slughorn ¿Quién sería ahora? ¿Ron? ¿Hermione? O tal vez ¿Giny? De solo pensar en eso… le daban ganas de emprender su viaje lo más pronto posible. Pero sabía que debía ser paciente. Confiaba en que alguien de la Orden le ofreciera ayuda, pero también sabía que podía decirle a nadie lo de los Horrocruxes.
Había pensado en decirle a Hermione y a Ron que se juntaran y se largaran de ahí, y fuesen al Valle de Gocric. Pero por lechuza, no podía ser, tendrían que verse, muy pronto. Pues, según Harry, habían dejado pasar un mes. Y si querían encontrar rápido los Horrocruxes, necesitaban Salir lo más rápido posible.
Estos pensamientos los mantuvo todo el primer mes del verano. Pero ahora tenía otras cosas en la cabeza.
Se encontraba parado en medio de la nada, lo único que había, en aquel extraño lugar, era oscuridad, que cubría un sitio bastante amplio de tierra, muy firme por lo que Harry percibió.
Comenzó a caminar, muy despacio, pues no sabía a dónde se dirigía, y mucho menos por qué lo hacía. Podría haberse quedado parado esperando a que algo interesante, o mejor dicho terrible, sucediese. Pero el tuvo la corazonada de que tenía que avanzar. No sabía cómo había llegado allí, pero el lugar no le parecía ni tétrico, ni le causaba miedo, más bien se sentía cómodo, como si ya hubiera estado allí antes, pero él no lo recordaba.
-Hola- dijo, pero nadie respondió, por lo visto se hallaba solo…- ¿Hay alguien ahí? – Lo único que escucho fue su eco, eso lo puso un poco nervioso, pero él sabía que debía continuar.
Pensó que tal vez pudiera encontrar alguna solución a los problemas, que eran demasiados, que lo agobiaban.
Se detuvo por un momento, y pensó en las terribles cosas que habían sucedido. ¿Cómo su profesor habría sido asesinado por el Innombrable? Él sabía la respuesta, nadie puede oponerse a él, Voldemort se lo dijo en el cementerio, y Harry aun lo recuerda.
Toda la semana anterior había pensado en qué haría ahora que Dumbledore ya no estaba. ¿Seguiría buscando los Horrocruxes? ¿Iría solo o con sus amigos? ¿Adónde buscaría? ¿Tendría la seguridad de encontrarlos? Él sabía que el tiempo se le estaba agotando y que no podía perder ni un día más. Debía partir, dejar todo votado, y emprender el más largo y peligroso viaje que se haya propuesto jamás. De solo pensarlo ya se le ponía frió el estomago y verde la cara. Al pensar en Ron y Hermione, le dio nostalgia, solo se habían escrito durante el verano, no había tenido ninguna visita. En esas cartas hablaban de cómo estaban y que habían hecho en el verano. Ninguno se atrevía a tocar el tema. Pero todos sabían que ya no podían esperar más.
Harry continuo, tan sigilosamente como pudo. Ya se había empezado a relajar cuando de repente ve a la persona, si es que se le puede llamar así, que menos habría querido encontrarse: Lord Voldemort. Estaba parado justo en frente de Harry, pero miraba en la misma dirección que él, es decir, sus miradas no se cruzaron, y Voldemort, aun no notaba la presencia de Harry.
Se oyó un grito de un hombre, ya anciano, por el tono de la voz. Harry corrió delante, sin importarle que Voldemort estuviese allí. Lo adelanto y vio a Dumbledore. Lo vio más anciano que la ultima vez, sus ojos medio cerrados y sin los lentes de medialuna, estaba ya demacrado. Harry quedó petrificado, al ver a Dumbledore vivo, trato de contener la alegría, pero sin resultados, se tiro encima de él, pero solo logró llegar al suelo. La alegría abandono su cara, por no poder tocar a Dumbledore, pero a la vez volvió, por saber que Voldemort tampoco podría tocarlo.
Luego de un minuto de silencio, Dumbledore se paró y comenzó a caminar con Voldemort a su lado. No conversaban, solo caminaban. El caminar de Dumbledore se había vuelto más lento y menos decidido. Pasaron unos diez minutos, cuando se detuvieron frente a una puerta. Esta no estaba atada a nada solo era una puerta con su umbral, en medio de la nada. Esperaron un minuto y la puerta se abrió. Salió Sirius, el padrino de Harry, pero, al igual que Dumbledore, mucho más viejo, a decir verdad se parecía mucho a como Harry lo vio en el tercer curso: con la ropa destrozada y esos tatuajes por todo el cuerpo mucho más notorios, pues la piel ahora estaba blanca, mucho más blanca que la de Dumbledore. Pero no salió solo, sino acompañado de Lily, la madre de Harry, y James, su padre. Esto a Harry lo alegro, pero sabía que esto no podía ser verdad.
Voldemort dijo algo a Dumbledore, Sirius, Lily y James, que Harry no escucho, pero lo dijo en parsel, eso fue lo único que Harry percibió. Caminaron otro poco. Harry continúo siguiéndolos con la esperanza de que ellos le hablaran, pero eso nunca sucedió. Luego se encontraron con Giny, Ron y Hermione. Harry aun no entendía por qué nadie lo veía, ni lo escudaba, pero solo los siguió, sin detenerse. Estaba muy interesado en saber en que terminaría todo esto.
Llegaron a la parte más oscura de todo el lugar. Todos se detuvieron y se reunieron delante de Voldemort.
-¡Avada Kedavra! ¡Avada Kedavra! ¡Avada Kedavra! ¡Avada Kedavra! ¡Avada Kedavra! ¡Avada Kedavra!-Grito Voldemort.
Harry se quedo petrificado al ver como, uno por uno, todos sus seres queridos morían a manos de Voldemort. Solo quedo Voldemort, Giny y Harry.
¡Avada Kedavra! –Grito Voldemort otra vez.
Este iba dirigido hacia Giny, pero Harry, instintivamente se lanzo entre ella y Voldemort y recibió el ataque.
Giny salio corriendo y desapareció.
En ese momento Harry no murió, pero se dio cuenta de que ahora tenia la cicatriz, pues no había notado que no la tenía cuando llegó al lugar.
-Ahora solo quedamos tú y yo, mi querido Harry- Dijo Voldemort con esa voz, parecida a la de una serpiente.
Los verdes ojos de Harry se juntaron con la mirada de Voldemort. Harry se puso muy nervioso. El creía que los demás no podían verlo. Así lo había entendido al principio. Pero ¿Por qué Voldemort sí? Esa pregunta no la pudo responder al segundo, pues Voldemort lo interrumpió.
-¡Avada Kedavra!
La última junta
La antigua mansión de los Black estaba silenciosa. Hasta el viejo cuadro de la madre de Sirius estaba callado, siendo que había mucho movimiento en el lugar y más de algún impuro, o “sangre-sucia”, como comúnmente los llaman los sangre-pura. La mansión se veía mejor que la última vez. Al parecer, como el lugar ahora era de Harry, le habían arreglado. En esta ocasión estaba mucho más limpia, y sin ese molestoso boggart, que le hizo pasar ese gran susto a la Señora Weasley.
En la mesa de la cocina ya estaban reunidos todos: Molly, Arthur, Ron, George, Fred, Giny, Bill, Charlie, Fleur, Minerva, Remus, Moody, Tonks y Hermione. Solo faltaba Harry, quien venía a toda prisa bajando las escaleras.
La puerta de la cocina se abrió de golpe. Y apareció Harry, muy exaltado. Nadie dijo nada, pues Harry se movió más rápido. Tomo a Ron y Hermione de la ropa y los sacó de la cocina. Subieron las escaleras y llegaron al dormitorio de Harry. Ahí se sentaron, y descansaron un poco.
-¿Qué pasa Harry? Podrías haber sido un poco más suave.- Se quejó Hermione.
-He tenido un sueño bastante extraño- comenzó Harry. Y les contó todo su sueño.- ¿Qué creen que signifique?
-Pues…- bacilo Ron, pero no pudo llegar a ninguna idea en concreto.
-Harry, primero que todo, debes contárselo a los demás, quizás ellos te puedan orientar. Y luego veremos que hacer.- Dijo Hermione, tratando de demostrar toda su madurez, que, para su edad, era mucha.
Hubo un largo silencio. Nadie se movió. Y todos estaban pensando en lo mismo: había llegado el momento, que habían pospuesto por más de un mes.
-Harry, ¿has pensado sobre los Horrocruxes?- dijo Hermione tratando de ser lo más directa posible.
-Sí, pero no logro descifrar donde podemos buscar. He meditado lo que me dijo Dumbledore, pero no he llegado a nada. Es frustrante. Y además ahora no tenemos a ningún adulto (hecho y derecho) que nos ayude.- Concluyo Harry, con un gran pesar al decir el nombre de su antiguo director y amigo.- Y otra cosa. Aun no sabemos quien es ese tal R.A.B.
-En eso estas muy equivocado.- salto Hermione al instante.- Bajemos a la cocina y en el camino te explico.
Bajaron las escaleras lo más rápido que podían. A Harry no le cabía en la cabeza que Hermione pudiese saberlo. Además era el más interesado. Pero luego recordó que el año pasado ella descubrió quien era el “maldito” Príncipe Mestizo, pero ellos no le creyeron. Y acordó con Ron que esta vez si le creerían.
Al término de la escalera se encontraba el tapete con el árbol genealógico de los Black. Hermione se detuvo y vio el árbol, muy concentrada, por unos minutos.
-¡Lo ves!-Grito Hermione.
-¿Qué vemos? Yo no veo nada.- Dijo Ron.
Hermione indico sobre uno de los últimos nombres de la Familia. Y ahí estaba. Lo que Harry trato de encontrar durante lo que contaba del verano: R.A.B. era nada más ni nada menos que el hermano de Sirius, Regulus Black.
A Harry no le salieron palabras. Estaba muy emocionado como para hablar. Por ello guardo silencio por unos minutos. Al igual que lo hicieron Hermione y Ron.
Sonó una campana. Con un sonido que pareció romperles los tímpanos.
-Debemos ir a la cocina, la reunión comenzará dentro de poco tiempo.- Dijo Hermione a los dos.
En la cocina estaban todos sentados y solo quedaban cinco puestos vacíos. El de Harry, el de Hermione y el de Ron. Quienes se sentaron al instante.
El puesto que antes usaba Dumbledore, el de la esquina, estaba siendo ocupado por Minerva McGonagall.
-Hoy nos hemos reunido para ver nuestro siguiente paso. Qué medidas tomaremos o en otras palabras, Qué haremos ahora que Dumbledore no esta.- Dijo McGonagall luego de que todos estuvieran en silencio.- Creo que primero deberíamos darle la bienvenida a nuestros nuevos agentes: Hermione Granger; Ronald, Fred, George y Giny Weasley; Harry Potter; Madame Máxime y Rubius Hagrid.
Hubo uno que otro aplauso desde los conocidos. Y también un leve murmullo, pues Olympe y Hagrid aun no habían llegado, que duro cerca de cinco minutos.
- Dejémonos de celebraciones y vayamos a los nuestro.-Dijo la profesora para poner a todos en contexto.- Recientemente Voldemort ha asesinado a Horace Slughorn. Y eso nos deja con tres vacantes en el colegio. Antes de continuar quiero dejar en claro que Hogwarts y la Orden están en estrecha relación, por lo que en esta junta también se hablara sobre el futuro de Hogwarts. Como ustedes ya se habrán dado cuenta yo asumiré el cargo de directora de Hogwarts ahora. El ministerio aun no nos ha dicho si debemos impartir o no clases este año. Pero esperemos que sí. Para ello necesitamos profesores. Nos falta de Pociones, Defensa contra las Artes Oscuras y Transformaciones.- Termino la nueva directora.
-Yo me ofrezco a hacer las clases de transformación, creo que ese es mi fuerte.- Dijo Tonks, y agrego una risita al final.
-Y yo de Defensa contra las Artes Oscuras.- Dijo Moody.
- Entonces yo haré pociones.- Termino Lupin.
Harry pensó que si Moody era el profesor de Defensa contra las Artes Oscuras, le pasaría algo hasta fin de año. Eso a Harry lo dejo pensando por un momento.
- Entonces les doy el cargo.- Finalizo Minerva.- Ahora pasemos a lo de mayor importancia. Harry, por favor.
Harry se quedo desconcertado. Sabia que tenia algo que decir pero no aun. Tomo una gran bocanada de aire y comenzó a hablar. Contó lo de su sueño y eso genero un murmullo, que le era muy molestoso.
-¿Qué creen ustedes que signifique ese sueño?- Pregunto Harry.
-Puede que sea solo un sueño… y a la vez puede ser un aviso de quienes morirán.
-Sí. En tu sueño viste a Dumbledore, tus padres, y Sirius quienes ya han muerto y también aparecen Hermy, Ron, y Giny. Pero a Giny tú la salvas. Y eso fue lo que paso cuando ustedes iban en segundo curso, Voldemort trato de matarla, pero tú la salvaste. Entonces ahora le tocaría a Her, Ron y a Harry.- Concluyo Molly, pero al mismo tiempo se dio cuenta de sus palabras y ahogo un grito.
Un silencio profundo domino el lugar, nadie articulo palabra.
- Ni importa.- Dijo Harry con decisión.- Dumbledore me había previsto de esto. Me hablo acerca de la profecía y también de algo que es secreto. Y es por eso que debo de decirles que Ron, Hermione y yo, hemos de hacer un “viaje”. Debemos buscar algo, para que yo pueda vencer a Voldemort cuando el momento llegue. Y Dumbledore ya había comenzado a buscar, eso quiere decir que él pensaba que el momento estaba cerca. Por lo que hoy iré con Ron y Hermione a dar la prueba de Desaparición, y luego desapareceremos de aquí.
La reunión se dio por terminada sin que nadie dijera nada más.
La prueba de desaparición
Luego de una hora partieron al Callejón Diagon, entremedio de abrazos y besos de la Señora Weasley. Pasaron por la cantina, donde a Harry lo saludo Voldemort poco antes de comenzar el primer curso; y salieron al patio, donde Harry tomo su varita y toco los cuatro ladrillos, para que se abriera la puerta.
Se vieron en un callejón muy distinto al del año anterior. Este año sí que no había puestos abiertos. Y hasta el de bromas, de Fred y George, estaba cerrado. No había ningún mago en la calle. Ellos eran los únicos. Por ello corrieron lo más rápido que pudieron hasta el otro lado de la avenida. Donde entraron a Gringgots.
-Vengo a retira todo el dinero de una bóveda, por favor.- Le dijo Harry a uno de los tantos duendes, mejor dicho todos, que no estaban atendiendo a nadie. Lo que era lógico pues nadie, en este tiempo de miedo, salía de sus casas. Ni siquiera había estudiantes. Al parecer Hogwarts estaría casi vacía este año.
-Llave.- Pidió el duende, quien tenia una nariz gigante. Her, Ron y Harry tuvieron que esforzarse mucho para no soltar una carcajada. Pues sabían muy bien que los duendes eran criaturas “delicadas”.
Harry buscó en sus bolsillos por un momento, y luego saco una pequeña llave, que entrego al duende.
Subieron a un carrito, un poco pequeño para los cuatro, pero con un poco de esfuerzo, y dolor, lograron acomodarse. Fue como una montaña rusa con bajadas y subidas a mucha velocidad, para luego detenerse de golpe en frente de la bóveda. El duende bajó y abrió la puerta de la bóveda. Harry entró y tomo todo el montón de dinero y lo puso en un monedero se doble fondo. En el que cabía hasta un televisor de
Con una considerable suma de dinero, Her, Ron y Harry se fueron a Londres. Para ello usaron un traslador que había dispuesto la Orden. Una vieja copa, que antes estaba en la casa de Sirius.
Después de un aterrizaje un poco brusco, tocaron a la puerta de una de las casas más vistosas del lugar. Un caballero bastante viejo se asomó a la puerta y le pregunto que querían.
-Vengo a dar la prueba de desaparición.- Contesto Harry al instante.
-Pasen.- Contestó el señor, y les abrió la puerta. Los condujo a una pequeña sala donde había un escritorio y algunos postes con números en sus extremos.
-Buenos días señor Potter.- saludo la persona que aparentemente tomaría la prueba.
-Bueno días, pero… ¿Como sabe quien soy?- Pregunto Harry, por la sorpresa de que alguien sepa quien era.
-Los de la Orden estamos en contacto.- Se limito a responderle.
Harry no supo que responder a eso.
-No tengo mucho tiempo, si no le importa…- Dijo Harry tajante, pues tenían mucha prisa.
-No hay problema. Supongo que ya habrá practicado…- se aclaro la garganta y tomo una vos más seria.- En esta sala hay diez postes con un numero asignado a cada uno. Su tarea es simple: ir desapareciendo y reapareciendo al lado de cada poste en orden (del uno al diez). A la cuenta de tres. Uno. Dos. ¡Tres!
Harry tomo aire e intentó desaparecer, y lo logró. Pasó por todos los postes sin problemas. Y el Agente le dio algo parecido a una licencia de conducir, solo que era una licencia de desaparición, luego de que terminó.
A Ron la fue igual que a Harry, y también recibió su licencia.
En esa misma sala se despidieron del señor, caminaron hacia la puerta, y antes de llegar: los tres desaparecieron.
Las aventuras se separan
Sus mentes ya comenzaban a adentrarse de lleno en la pregunta: ¿Qué haremos?
Ninguno tenía la claridad suficiente como para responder a aquello. Aunque sabían que tenían que buscar, aun no tenían claro ni donde ni como hacerlo. Eso los dejó meditando una milésima de segundo. Pues ya habían desaparecido de la casa del entrevistador, y debían reaparecer en…
En medio de todas las imágenes que pasaban a su alrededor, se veían entre ellos, pero no por mucho. Harry percibió que Her y Ron cada vez se veían más lejos, y Ron y Her también sentían lo mismo. En realidad, al estar todos pensando en otras cosas, no tuvieron la claridad sobre el lugar al cual se dirigían y cada uno fue adonde el viento los llevara.
· · ·
-Vamos ha ir a dar una visita a mi querido Hogwarts.-Dijo con la voz fría y aguda tan propia de él.
-Lo acompañaremos, mí lord.-Respondieron sus mortífagos. Y lo siguieron.
Caminaron por más de media hora, pero al fin, antes sus ojos podían ver el gran castillo Hogwarts. Voldemort hizo entrar a todos sus mortífagos, para luego entrar él. Iba decidido. Llegó al tercer piso. Y en el pasillo vio a la gata del conserje, la señora Norris.
¡Avada Kedavra!-Grito al instante, no podía dejar que una gata perjudicara su misión.
-¡Continúen!-Grito Colagusano a los que ya se quedaban atrás.
Caminaron unos quince minutos más y se encontraron frente a una puerta. Avery la zamarreó y no abrió, la golpeo, y aun no abría.
-¡Apártense! ¿Que no sabe hacer nada bien?- Dijo Voldemort.- ¡Finite Incantatem!
La puerta se abrió, y Voldemort y sus mortífagos pudieron pasar. De pronto, los mortífagos comenzaron a gritar. Y desaparecieron, uno por uno. Solo quedó Voldemort. Quien siguió su camino.
Eminente fin de Hogwarts
El aterrizaje de Hermione fue rápido. Abrió los ojos cuando ya sentía el aroma de los dulces de Honey Dukes, que era muy grato, y te daban ganas de pasar y comprar todo. Hogsmeade no había cambiado casi nada en forma. Aun se podía ver la silueta, a lo lejos, de la Casa de los Gritos. Hermione pensó que a Harry no le hubiera sido muy grato si hubiese llegado ahí, en lugar de Hermione, pero Hermione desconocía el lugar al cual Harry había llegado.
Caminó indecisa por un rato. Pero luego decidió que debería ir a Hogwarts, pues fue ahí donde aprendieron todo, y también fue ahí donde sus aventuras comenzaron.
Cuando llegó al otro extremo de la calle principal de Hogsmeade, vio una de las carrozas tiradas por thestrals, y le apenó mucho el que pudiese verlos. Pues le llevó a la mente el momento en que Sirius sucumbió ante el velo. Luego de un momento subió a una carroza y los thestrals comenzaron a correr al instante.
En unos minutos llegó ante las puertas del gran castillo. Y tocó. Tuvo que esperar mucho tiempo para que alguien se dignara a abrirle. Hasta llegó a pensar que el colegio estaba vacío. Pero Hagrid llegó.
-¡Hermione!- Dijo Hagrid, al sorprenderse de que Hermy estuviera ahí parada un mes antes de comenzar las clases.- ¿Qué haces aquí?
-Hola, Hagrid.- Dijo Hermy tratando de parecer calmada.- Lo que pasa es que Harry Ron y yo desaparecimos de Londres, y nos distrajimos, y por eso yo aparecí… acá.- Concluyó Hermione con un poco de vergüenza.
-Bueno, primero que todo: pasa. No te dejare acá afuera con este frió.- Dijo Hagrid.
Hermione trato de reírse, pero no pudo. Tenía muchos pensamientos revoloteando por su cabeza, y otros recién floreciendo, como para hacerlo.
La entrada del castillo no había cambiado. Ni ninguna otra parte. Todo seguía igual que cuando dejaron el castillo hacia un mes. Solo se notaba el silencio, ya que los alumnos no estaban, y son ellos quienes le dan la vida a cualquier establecimiento educativo.
Al pasar por el un pasillo con las paredes llenas de cuadros, más de los cuadros normales (en comparación con otras paredes), Hermione se fijo en que los personajes en ellos estaban ahí. Her siempre había pensado que ellos en el verano saldrían a ver a su familia, salir de vacaciones, pero nunca imaginó que se quedaran en el castillo, aburridos como ostras viendo como nada de nada pasaba. Y también se percató, al pasar por la entrada del gran salón, de que los profesores si estaban ahí. El gran salón estaba casi desierto, solo había una mesa, y estaba en el medio. Ahí Her pudo ver a la profesora McGonagall, Sprout, y otros a los que no nombraré. ¿Por qué los profesores estaban ahí? Se pregunto Hermione. ¿Acaso no tienen una vida fuera del colegio?
Llegaron al patio. A lo lejos se veía la vieja cabaña de Hagrid. Y Muy cerca del castillo estaba la nueva, mucho más bonita que la antigua. Aquellas arañas que antes pasaban por los alrededores de la cabaña de Hagrid ya no estaban, pero eso era de imaginarse. Sin su rey, ninguna colonia puede seguir.
Al llegar a la puerta de la cabaña, Hermione se sentó en la escalerilla, y Hagrid comenzó su odisea en busca de la llave. Saco a su querido topo de uno de sus bolsillos; un extraño paquetito, que al parecer traía algo muy valioso, envuelto en paños y más paños; Un manojo de llaves, muy sucias, como la que tuvieron que atrapar en primer curso, cuando querían llegar al lugar donde se encontraría Snape, pero que al final resulto ser Quirrell; un pequeño frasco que contenía piel de dragón; y al final, luego de unos 10 minutos de búsqueda, Apareció la tan esperada, por Her, llave. Hagrid la puso en la cerradura y dijo unas palabras, al parecer, parte de un conjuro. Y la puerta se abrió.
-Seguridad- Dijo Hagrid, al ver la cara que puso Hermione al escucharlo decir el conjuro.- Minerva insistió en ponerlo- Termino de aclarar.
-Ya veo- Dijo Her, tratando de parecer interesada.
Esta estaba mucho más ordenada que la cabaña antigua. En esta no habían murciélagos ni ratas. Por nombrar la mayor diferencia.
-¿Quieres una taza de te o cerveza de mantequilla?- Pregunto Hagrid a Hermy, pensaba que tal ves tendría hambre o sed. Pero en verdad no tenía nada, pues la Sra. Weasley les había dado un muy buen desayuno, pues, según ella, puede que sería el último momento en que estarían junto a ella.
-Preferiría ir al baño, por favor.- Dijo Her. Pues no quería comer más.
Luego de volver, se sentó a la mesa, y observó como Hagrid comía, mientras conversaban.
-Mmm… ¿así que poca concentración? Querida Hermione. Lo extraño es que siempre supe que eras una gran bruja, y ahora te falla la concentración. ¿Qué pasa Hermione?- Le pregunto Hagrid un poco intrigado por los sucesos recientes.
-Lo que pasa es que Harry el año pasado se entero de muchas cosas, y ahora esta tratando de arreglarlas, algo así. No te puedo decir más, lo siento. Es un secreto.- Dijo Hermione un poco triste al poder decirse a Hagrid, que siempre había sido muy amigo de Harry.
-Ya veo… y ¿Cómo han estado?- Pregunto Hagrid. Sabía que si seguían tratando aquel tema, terminaría sabiéndolo, e intuyo que era mejor quedar en el desconocimiento.
-Yo, he estado bien, pero Harry ha estado muy preocupado. No sabe que hacer ahora que Dumbledore ya no esta. El era la persona que lo había guiado en todo momento, desde la muerte de sus padres. Y ahora de un día para otro muere a manos de uno de sus amigos.- Contesto Hermione, un poco triste, y continuo.- No fue el hecho en sí lo que molesto más a Harry, sino que pasó en el peor de los momentos, cuando Harry necesitaba más de sus consejos…
-Eso es verdad. No se como Dumbledore pudo haber muerto, el era una gran mago, y también era un gran hombre, sí, Dumbledore era una gran hombre. La muerte no era para él…- Termino Hagrid, y rompió a llorar. Hermione le pasó un pañuelo, y Hagrid se secó un poco las lágrimas, que caían como ríos, por sus coloradas mejillas.
-Ya no tiene sentido lamentarse Hagrid. Eso ya es parte del pasado. Solo tenemos que afrontarlo y seguir adelante.
-Sabias palabras, Hermione. Muy sabias.-Dijo Hagrid, que ya había parado de llorar.
-Pero, cambiando de tema, al pasar por los pasillos del colegio, ahora, cuando entramos, me fijé en que los maestros estaban comiendo en el gran salón. ¡Pero es verano! No pueden pasar toda su vida aquí…
-Lo siento Hermione, pero no te puedo decir el porque están aquí. Solo puedo decirte que lo necesitan.- Contesto Hagrid, relajadamente.
-¡Hagrid!- Protestó Hermione.
-Esta bien, Hermione, tu ganas. Pero no se lo podrás contar a nadie, ¿entendido?
-Claro, dime.-Dijo Hermione interesada por saberlo.
-Hace muchos años, un tenebroso mago, quiso llegar al puesto de profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras. Pero Dumbledore no le cedió el puesto, así que el echó una maldición. Todo el profesorado del colegio no podrá cruzar las puertas del castillo, en dirección a Hogsmeade. Es decir, no podrá salir de aquí.
”Pero también hizo saber que solo con el lo podrían hacer, o con su carta de renuncia.
”Hace pocos años, Dumbledore descubrió que Voldemort, creó unos objetos, y en ellos puso parte de él. Ellos tienen un nombre parecido a “orros” o algo así. Dumbledore los buscó, y los encontró, es por ello que algunos profesores pueden salir. Pero solo Dumbledore sabía en que lugar del castillo estaban, es por ello que ahora, los profesores no pueden salir de aquí.
Hermione quedó muy satisfecha con la respuesta de Hagrid. ¡Ahí estaba la solución a sus problemas! Esos tales orros deben ser Horrocruxes. Hermione no pudo contener la alegría de poder llevarle este gran descubrimiento a Harry. Así que tomó sus cosas y le dio a Hagrid un beso en la mejilla como despedida.
-Hermione, por último, lleva este sobre a Harry.-Hagrid le puso sobre la mano de Hermione un sobre bastante pesado, con algo adentro.- Y manda mis saludos a los chicos. Y avísales que si quieren venir a Hogwarts este año… No pueden. Lamentablemente Hogwarts cerrara sus puertas a los estudiantes, ahora será el cuartel general de La Orden del Fénix.
-Esta bien.- Dijo Hermione apresurada.- ¡Adiós!
Se fue caminado a Hogsmeade. Pasó a Honey Dukes y compró algunos dulces. Y al salir desapareció, estaba ves si se concentró. Y llegó a un parque, al parecer en Godric.
El peor recuerdo
Llegó a una especie de parque, que estaba vació. Era muy hermoso, lo más hermoso que una persona pudo haber imaginado jamás. El cuadro, haría llorar a cualquiera, y por ello, Harry rompió en lágrimas, que corrieron rápidamente por sus mejillas. La cicatriz comenzaba a arderle un poco, pero él no lo notaba.
Los árboles eran altos, mucho más altos que Grawp, el hermano de Hagrid; sus hojas, eran mestizas, entre amarillas, cafés, rojas y naranjas; y el viento… que hacía que las hojas al chocar sonaran, y cayeran tan suavemente como el vuelo de una mariposa. En ello te darían ganas de quedarte ahí para siempre. Era como estar en un sueño, o en el sueño de un sueño, un sueño del que no se puede despertar, un sueño eterno.
Comenzó a caminar, y luego de unos diez minutos, calló en la cuenta de que ese gran parque, era infinito. Así que se tiró a un montón de hojas que estaban cuidadosamente puestas en el suelo, y en el momento de tocarlas, sus ojos comenzaron a cerrarse, cuando al fin calló por completo en esa agradable cama, ya estaba durmiendo, y soñando.
Se levantó, parecía que no había pasado nada de tiempo desde que calló en las hojas, sin embargo, se sentía mucho más relajado, más fuerte y feliz que en los momentos anteriores. Caminó un poco hacia el norte, y vio que había algunas casas, muy preciosas, pero hubo una que lo atrajo con mucha fuerza. Y fue corriendo a ella.
Al llegar a la reja, que estaba abierta, pasó y se deslumbró al ver que esa casa era la más bella de todas las del barrio. Y también la mejor cuidada. La puerta de la casa también estaba abierta así que se armó de valor y entró.
El ambiente le parecía familiar. La casa estaba muy bonita y ordenada. Se sentó en uno de los sillones del living y luego de un momento, de una de las habitaciones, salió una joven madre, muy hermosa, con su bebe en brazos. La mujer era rubia, delgada, de muy bonita silueta y de unos ojos azules, que le hacían resaltar su pelo. Y el bebe, tenia sus mismos ojos, pero en cuerpo era muy diferente, y en pelo también, pues lo tenia de un negro muy oscuro, azabache tal vez. Y atrás de ellos venia un hombre, alto y del pelo igual al del bebe. De la impresión Harry pensó que sus brazos de alargaban y su pelo crecía un poco, pero no lo tomo en cuenta, solo debería haber sido el susto de que lo descubrieron en una casa ajena a él.
-Disculpa, pero ¿Qué haces aquí?- pregunto relajadamente la mujer.
Harry se quedó callado no quería responder. Pero alguien más sí lo hizo.
-Lo siento por haber entrado sin permiso Lily, pero como estaba abierto… pensé que tal vez…-Dijo Sirius con un poco de vergüenza.
-No te preocupes Sirius, yo deje abierto para ti.- Terminó James.
-Iré a dejar a Harry arriba y vuelvo, Sirius. Necesitamos hablar.
Harry no pudo contener la emoción de estar en “su” casa, con “sus” padres y “su” padrino. Por lo que dio un grito de alegría, que nadie oyó, por supuesto. Pues esta era una, de las tantas otras veces en que Harry veía recuerdos, como si estuvieran pasando en realidad.
James y Sirius de sentaron a la mesa y esperaron a que Lily bajara. Cuando lo hizo, se sentó a la mesa junto a ellos y comenzó a hablar.
-Sirius, Dumbledore nos avisó, hace por lo menos una hora, que Voldemort esta a nuestra búsqueda.-Precisó Lily, manteniendo la calma.
-En realidad, me lo esperaba, hace algún tiempo que he estado escuchando que se ha formulado una profecía: “El único con poder para vencer al Señor Tenebroso se acerca… Y este lo señalara como su igual… Uno de los dos debe morir a manos del otro, pues ninguno de los dos podrá vivir mientras el otro siga con vida”.- Habló Sirius
-Nosotros también la habíamos oído, pero no creíamos que se refería a nuestro Harry.- Explico Lily con un poco de vergüenza y rabia.
-Pero, ¿Qué van a hacer ahora?- Interrogó Sirius, pues eso era lo más importante en esos momentos.
-Dumbledore pidió prestada una casa, cerca de aquí. Nos quedaremos ahí hasta que ya no aya peligro.- Dijo Lily, y continuó.-Aquí esta la dirección.- Le pasó un pequeño papel arrugado y Sirius lo guardo en su bolsillo.- Es secreta, nadie más aparte de Dumbledore, tu y nosotros la sabemos. Solo puedes dársela a Peter y Remus, por si quieren ir a hablar con nosotros.
-Esta bien.- Contestó Sirius.
-Ahora, vete, no queda tiempo.- Exclamó James.- Lily sube a buscar a Harry, nos iremos ahora.
-Esta bien, mi amor.-Contesto Lily y salió hecha un rayo a las escaleras. En menos de un minuto ya se encontraba abajo con Harry en los brazos y un montón de bolsas y maletas levitando a su lado.
Harry pensó que tal vez podría evitar la muerte de sus padres, lo que era imposible, pero el tenía ese deseo. Por ello siguió a su familia cuando salieron de la casa.
Caminaron por unos treinta minutos. No querían desaparecer, pues podría llamar la atención de los vecinos o podrían asustar al pequeño Harry. Tampoco podían utilizar la Red Flu, pues la podían estar espiando. Así que la mejor forma era caminar.
Llegaron a una casa en ruinas. Ni Lily ni James se alarmaron al ver que su gran refugio estaba en ruinas. Solo abrieron la reja y pasaron. El jardín no era lo más bonito que había, pero tampoco estaba tan mal. La puerta estaba destruida, por lo que no necesitaron abrirla.
-¡Lumos!- Grito James y toda la sala se iluminó con una luz fuerte, pero no segadora, sino que más bien acogedora.
Era un lugar muy acogedor. Al entrar Harry percibió una extraña fuerza que lo empujaba hacia dentro. “Debió haber sido un conjuro para no dejar que otra personas que no tengan nuestra misma sangre entren”, pensó Harry, pues eso fue lo que le pareció. Los muebles del lugar estaban viejos, y chirriantes, pero no estaban sucios. Eso demostraba cual era la preocupación de Dumbledore por ellos. Las paredes eran de un color mostaza, lo que hacia que los muebles se mimetizaran un poco. Pero, lo que más llamaba la atención, era que no había espejo, ni nada que cayera en la clasificación de “potencialmente peligroso”.
Lily, James y el pequeño Harry subieron al segundo piso, y ahí dejaron a Harry. Luego ellos bajaron y comenzaron los trámites.
-¡Ferma Portus!- Grito Lily. Siempre sabía que conjuros iban primero y cuales después, además de la mejor forma de usarlos. Luego de decir las palabras, la puerta se cerro, y aparecieron varios picaportes que también se serraron, y arriba de esos, otros, que también se serraron. Al final la puerta parecía de cemento, pero lo importante es que era segura.
-¡Accio Pensadero!- Gritó James. Y una copa se abalanzó sobre él. Ahí el sacó un recuerdo y lo guardo.
Luego serraron las cortinas y subieron a ver a Harry. El Harry actual estaba asombrado de poder ver esto. Pero también sentía pena al saber lo que se acercaba y no poder evitarlo.
Se hizo de noche y apareció la luna, llena. No había ningún ruido, a excepción de unos pasos, pero aquellos casi ni se oían.
Voldemort continúo su caminata. No iba acompañado, había preferido hacer esto solo.
El día anterior, cuando Voldemort estaba en su mansión tomando el te, llegó su mortífago predilecto, Snape. Con noticia frescas: Se había creado una profecía. Que lo involucraba a él. La profecía ya es más que conocida. Y Voldemort al querer marcar a ese niño, citado en la profecía, que también podría matarlo. Decidió matarlo él, ahora que recién era un bebe. Y por eso iba rumbo a ellos ahora. Colagusano, uno de sus tantos mortífagos, le dijo el paradero de Lily y James, así que tenia claro su destino, y el del niño.
-¡Evanesco!- Gritó al llegar a la reja de la casa-refugio en la que se encontraban Harry y sus padres. La reja se desvaneció y el pudo pasar.
Usó el mismo hechizo con la puerta, aunque logró desvanecerla, cuando intento entrar esa misma fuerza que Harry percibió el entrar, no lo dejó.
Comenzó a recitar un conjuro en parsel muy bajito, mientras lo intentaba de nuevo. Y esta vez si logró pasar. Buscó en todo el primer piso, pero no encontró nada. Justo cuando pensaba volver a su guarida y matar a Colagusano por haberle mentido, vio una escalera, y una luz arriba. En es instante su cara mostró una sonrisa. Subió.
Harry estaba con él y con sus padres en la cama. Y ante sus ojos, Lord Voldemort se alzaba con varita en mano. Y les apuntaba.
-Buenos días, queridos James y Lily, cuanto tiempo sin vernos, ¿no creen?- Dijo Voldemort.
-No vengas con cuentos Riddle, sabemos muy bien a lo que vienes y no te lo permitiremos.-Dijo con valor James.
-Me temo que tus amenazas no me asustan para nada Potter. Todo lo que yo me propongo, lo logro, usando cualquier recurso.- Respondió Voldemort, con decisión.
-¡Avada Kedavra!- Grito Voldemort y James saltó por los aires y cayo a un lado de Harry quien comenzó a llorar.
-Eso es lo que le pasa a cualquiera que se oponga a mi palabra, queridita.- Explico Voldemort, ahora fijando su mirada en Lily.- y ahora ¿Qué decides?
-Decido que me quedare aquí, protegiendo a mi hijo.
-Entonces, tú también morirás ¡Avada Kedavra!- Grito Voldemort a la vez que Harry gritaba y saltaba en medio de los dos, pero el hechizo lo atravesó e impacto fuertemente en el pecho de Lily. Quien calló al lado del pequeño Harry, quien comenzó a llorar.
-Ahora solo quedas tu, mi querido Harry.- Harry se sentó al lado de su otro yo, y trató de tomarle la mano a su madre, pero solo consiguió atravesarla.- Tú eres del que todos hablan, sí. El niño que me quitara el poder, el niño que me matará… Pues yo no lo permitiré, Harry. Te matare… Sí…
Harry comenzaba a botar más lágrimas a medida que se acercaba el momento, aunque sabia que no moriría, sabia que ese momento, tal como dice la profecía, lo marcaría para siempre. De aquí en adelante, portaría con una cicatriz que le daría mucha fama, pero a la vez mucha desgracia…
-¡Avada Kedavra!
-¡No!- Grito Harry con todas sus fuerzas, mientras se oía aun la risa de Voldemort sonando tan fuerte que lo despertó.
Estaba en aquel montón de hojas, y a su lado estaban Ron y Her, quienes sonrieron al verlo.
Sigiloso peligro
-Pensábamos que nunca despertarías, Harry.- Rió Her, junto con Ron. Harry no pudo hacerlo. Ese recuerdo lo dejó pensando un momento.
-¿Dónde llegaron?- Inquirió Harry luego de un momento.
-Pues… Yo no me lo explico, pero volví a la casa de ese tipo que nos tomo la prueba. Le dije adiós y luego reaparecí aquí. No había nadie así que espere, y luego apareció Her, y esperamos, pero nunca apareciste, así que comenzamos a caminar y llegamos hasta acá. No te quisimos despertar.- Explicó Ron.
-Yo aparecí en Hogsmeade, y fui a Hogwarts. Hablé con Hagrid y me pidió que te pasara esto.- Puso en manos de Harry aquel pesado sobre.- y también me aviso que en Hogwarts no se impartirán clases este año, por orden del ministerio. En vez de ello, el colegio será el Cuartel General de la Orden.- Terminó Her.
-¿Sabes qué es?- Preguntó Harry manipulando el sobre con interés.
-No. Hagrid sólo me dijo que te lo entregara.
Harry abrió el sobre. Y se quedó petrificado al leer el encabezado.
-Es… de… Dumbledore.
-¿Qué?- Saltaron Her y Ron a la vez.
-Sí. Es su letra. Miren.
Puso la carta de tal forma para que todos pudiesen verla y leyó en voz alta:
Querido Harry:
Cuando leas esta carta, ya no estaré a tu lado. Pero no te desanimes, yo siempre Te apoyaré. Este donde este…
Primero que todo, quiero decirte que sé que el Horrocrux que encontramos era falso. Y no lo siento. Hice ese viaje para que entendieras lo dificil, larga, y dolorosa que seria la busqueda. Ahora, toca tu parte. Yo encontré un Horrocrux, el anillo. El collar y todos los demas los tienen que encontrar ustedes. Yo sé, y siempre supe su ubicacion. Pero quiero que tu la descubras. Eso te haria mas fuerte para el momento final, el momento citado en la profecia, el final de la guerra.
Espero que los encuentres. Si no, no se lo que pasaría. Las cartas están dadas, tu tienes que saberlas ocupar.
Atte.
Albus Percival Wulfric Brian Dumbledore
P.D.: Nunca estaras solo. Recuerdalo. Tienes amigos. Quienes te llevaran alto.
Hubo un largo silencio. En el que los tres pudieron percatarse de que había otra persona en algún lugar del parque. Alguien que, de seguro, no era su amigo.
-¡Corran!- Gritó Her al ver en uno de los árboles asomarse la cara de un encapuchado, de seguro un mortífago.
Se levantaron y tomaron lo que pudieron, en este caso: la carta de Dumbledore y una mochila. Y comenzaron a correr lo más rápido que pudieron en dirección a las casas. Cuando ya iban bastante cerca el mortífago lanza un hechizo.
-¡Tarantallegra!- Gritó, y las piernas de Harry, Her y Ron comenzaron a moverse sin parar. El efecto duró, por lo menos, un minuto. Luego del cual los tres cayeron al suelo por el cansancio.- ¡Crucio!- Gritó continuo, y el hechizo revoco en Harry, quien comenzó a sentir antes de que llegara, pues ya lo había recibido en una ocasión. Y no era de lo más agradable que digamos.
Los tres yacían en el suelo, pero Harry era el más débil.
-¡Expelliarmus!- Grito Her. El hechizo chocó con el mortífago justo en su pecho, por ende callo al suelo, inconsciente, al instante.
El trío entro en una se las casas, la más vieja, parecía como si se hubiera incendiado. Cuando Harry entró, volvió a sentir esa sensación de magnetismo, al igual que en el refugio…
¡Esa casa era el refugio!
-¡Subid!- Les grito Harry a Ron y Her. Quienes obedecieron. Los tres fueron al dormitorio de arriba, en el cual Harry estuvo en sueño. Los vidrios estaban rotos, no había cama, ni luz, ni nada. Sólo era un cuarto vacío.
Harry comenzó a dar vueltas en círculos por la habitación, tratando de encontrar algo que lo hiciera recordar. Quería revivir aquel sueño, poder ver un poco más tiempo a sus padres, y a él cuando era bebe.
-Mira Harry. Un Pensadero.- Dijo Her, y Harry fue corriendo hacia ella. Tomo el Pensadero y entró en él.
· · ·
-¡Dumbledore! No podemos. Amamos mucho a nuestro hijo. Pero no podemos hacer esto, es una locura.- Reclamó James.
-Es una locura, pero también ¡es la única solución!- Trató de persuadirlo.
-Esta bien, pero tiene que haber una forma de que él crea…- Dijo James, pero Harry no pudo escuchar el final de la frase, pues al parecer el Pensadero había estado mucho tiempo botado, entonces el recuerdo se había perdido.
· · ·
-¡Expelliarmus!
Como Harry estaba tan concentrado en el pensadero, no pudo ver lo que pasaba en aquella habitación: Había entrado el mortífago, quien desarmó a Ron y a Her. Luego la puerta se abrió por segunda vez, y entró Remus Lupin, quien aturdió al mortífago.
Mandó una lechuza a Azkaban y ayudó a los chicos a pararse.
-¡Bajen! , ya es hora de irnos.- Les dijo y salió de la habitación.